"Contar una película es como contar un sueño.
Contar una vida es como contar un sueño o una película" (La contadora de películas de Hernán Rivera Letelier)
Lucas, el protagonista de la película, es un hombre que intenta rehacer su vida tras un divorcio: ha vuelto a trabajar, va de caza con los amigos, está a punto de encontrar el amor y, lo más importante para él, que su hijo venga a vivir con él. Sin embargo, su vida da un vuelco de la noche a la mañana, cuando la mentira de una niña se convierte en una acusación en toda regla contra Lucas. A partir de ese momento, y bajo la premisa de que los niños siempre dicen la verdad, le expulsan del trabajo, pierde sus amigos, y todo el pueblo le juzga como culpable, condenándole a la soledad y al aislamiento social. Solo Lucas y los espectadores saben que es inocente, pero la duda es más fuerte que la verdad y, solo imaginar la más mínima posibilidad de que realmente fuera verdad la acusación de la niña, le convierten en sospechoso para el resto de su vida.
Es curioso ver en la película a una sociedad, para nosotros referente de la modernidad y el progreso, anclados en tradiciones ancestrales como la caza y las juergas entre hombres bebiendo hasta emborracharse, la frialdad con la que van a cazar venados y ciervos como si fuera lo más natural del mundo y la contundencia moral con la que juzgan y aíslan de la vida social del pueblo al protagonista y a su hijo. Todo ello en un ambiente casi idílico entre bosques, lagos y casas de madera.
Quizá la película sea un poco larga, pero Mads Mikkelsen borda la interpretación de su personaje. Según el realizador "el personaje es el retrato del hombre escandinavo moderno", explica el realizador. "Es afectuoso, amable, servicial y humilde. Hace todo lo que le piden, su exmujer puede con él. En cierto modo, está castrado. Con Mads decidimos desarrollar el personaje de Lucas a partir de ahí hasta convertirle en hombre. ¿Cómo consigue mantener su dignidad sin volverse violento? ¿Cómo se enfrenta a una realidad fría y brutal sin salirse de su papel de hombre escandinavo?".
Una historia creíble que muestra la violencia a la que podemos llegar y que el director, Thomas Vinterberg, cierra con un final que el espectador ya no esperaba.
Tras un divorcio difícil, Lucas, de cuarenta años, ha conocido a otra mujer, tiene un nuevo trabajo y se dispone a reconstruir la relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo va mal. Un detalle. Un comentario inocente. Una mentira fortuita. La nieve comienza a caer, las luces navideñas se encienden y la mentira se propaga como un virus. La sorpresa y la desconfianza crecen hasta alcanzar proporciones inimaginables, y la pequeña comunidad se sume en un estado de histeria colectiva. Lucas no tendrá más remedio que luchar en solitario para defender su dignidad y su vida.
"No estamos a salvo en ningún sitio, hay demasiadas personas sin nada que hacer excepto casuar problemas"
Sé que esta novela de Coetzee había sido una de las más leídas en los clubs de lectura de las bibliotecas en el último año. Yo no he leído la novela, pero a juzgar por los diálogos y situaciones que describe la película, estoy segura de que es una gran novela, que permitirá leer con profundidad y reposo las grandes reflexiones que aborda la película, y que lógicamente, en el cine, en contraste con la lectura, como pasa todo más de prisa se nos pueden escapar detalles interesantes. Me gusta el papel de John Malkovich, que interpreta al profesor David Lurie; parece una papel escrito expresamente para él, a su personaje, un profesor de literatura avasallador y arrogante que logra todo lo que se propone, cueste lo que cueste, le va muy bien ese punto histriónico que suelen tener las actuaciones de Malkovich. Y en el polo opuesto, y también, bordando su papel, Jessica Haines, que interpreta a Lucy, hija de David. Interpreta a una chica que tiene miedo de todo, incluso cuando la violan es incapaz de ir a la policía a denunciar porque dice que tiene que seguir viviendo allí con la misma gente, es como si no quejarte te hiciera invisible a los demás, y así evitarías sus ataques. Su padre la incita para que denuncie, para que se defienda, pero ella sabe que su miedo es superior a ella y se resigna a ir "malviviendo", porque nunca se enfrentará a sus enemigos, a sus violadores..., en definitiva, a cualquier situación adversa de su vida. Una película violenta, con luchas sociales, violaciones, sexo..., pero que evita mostrar explícitamente toda esa violencia contenida en una vida diaria mezclada entre los perdedores, las nuevas generaciones que abogan por coger el poder en Sudáfrica, y personajes del estilo del profesor David Lurie. Los paisajes en los que transcurren los hechos, las magníficas interpretaciones de los protagonistas y la banda sonora justifican que esta película esté entre ese grupo de películas que debemos ver.
David Lurie, divorciado, es profesor de Poesía Romántica en una universidad de la Sudáfrica posapartheid. Una vez a la semana se ve con Soraya, una prostituta malaya de alto standing. Se preocupa por la seguridad de su hija, que vive en una granja perdida en medio del campo. David es un hombre privilegiado, pero abusa de su posición académica para tener una aventura con Melanie Isaacs, una joven estudiante mestiza. Después de un juicio bastante inquisitorial por parte del tribunal universitario, en el que rehúsa defenderse por orgullo, se ve obligado a dimitir. Decide refugiarse en la granja de Lucy y conoce a Petrus, un hombre negro que echa una mano a su hija.
Tres jóvenes negros atacan al padre y violan a la hija un día que Petrus no está. David no puede defender a Lucy y empieza a sospechar que Petrus se ausentó a propósito. A pesar de todo, Lucy está empeñada en quedarse en la granja y acaba aceptando un curioso acuerdo con Petrus con tal de salirse con la suya.
Esta es otra de esas películas que me costó decidirme a ver. Entre lo que me había contado y las imágenes del asesinato, me hice mi propia película, que afortunadamente nada tenía que ver con la realidad, así que cuando por fin me decidí a verla mi sorpresa fue doble, por la historia y por lo que me encantó. Son varias tramas dentro de una historia central que hila y conduce el ritmo de la película, por cierto muy bien llevado el suspense durante todo el tiempo que dura la historia en la pantalla.
Me encantó el personaje de Sandoval, creo que Guillermo Franchella, borda su papel. El episodio en el que descrubren al asesino por su pasión es magistral, igual que su descripción hasta cuando acaba diciendo ...no se puede cambiar de pasión "una pasión es una pasión". Y creo que es cierto, porque cada uno de nosotros convertirmos, muchas veces, nuestras pasiones en verdaderas obsesiones, y es como que se te meten en el cerebro y ya no hay quien te la pueda quitar. Es un poco como el eje y la razón de ser de muchas de nuestras acciones. Puede ser el amor, un hobby, o cualquier otro leimotiv que nos empuje o absorba, porque puede ser para hacernos avanzar, o paralizarnos dándole vueltas a algo sin jamás resolverlo. Es impresionante también la leatad de Sandoval hacia Espósito, tanto que se deja matar en lugar de su amigo. También Ricardo Morales tiene su propia pasión, que es que el asesino de su esposa no salga nunca de la cárcel, que durante toda su vida tenga que recordar el crimen que cometió. Y él se encarga de que esto sea así, dedica su vida a ello.
Y cómo no, el amor, esa pasión, en este caso obsesiva de Espósito hacia Irene. Veinte años tienen que pasar hasta que al final consiguen estar juntos, pero como le decía su amigo Sandoval, Irene era su pasión, y Espósito, nunca podría cambiar de pasión. Afortunadamente, al final, consiguen estar juntos.
Benjamín Expósito ha trabajado toda la vida como empleado en un Juzgado Penal. Ahora acaba de jubilarse, y para ocupar sus horas libres decide escribir una novela. No se propone imaginar una historia inventada. No la necesita. Dispone, en su propio pasado como funcionario judicial, de una historia real conmovedora y trágica, de la que ha sido testigo privilegiado. Corre el año 1974, y a su Juzgado se le encomienda la investigación sobre la violación y el asesinato de una mujer hermosa y joven.
Expósito asiste a la escena del crimen, es testigo del ultraje y la violencia sufrida por esa muchacha. Conoce a Ricardo Morales, quien se ha casado con ella poco tiempo antes y la adora con toda su alma. Compadecido en su dolor, Expósito intentará ayudarlo a encontrar al culpable, aunque para ello deba remar contra la torpe inercia de los Tribunales y la Policía. Cuenta con la inestimable colaboración de Sandoval, uno de sus empleados y a la vez su amigo personal, que escapa a los rutinarios límites de su existencia emborrachándose de cuando en cuando, hasta perder la conciencia. Cuenta también con Irene, su jefa inmediata, la secretaria del Juzgado, de la que se siente profunda, secreta e inútilmente enamorado.
La búsqueda del culpable será cualquier cosa menos sencilla. No han quedado rastros en el lugar del crimen, y Expósito deberá avanzar a través de corazonadas y conjeturas. Por añadidura, la Argentina de 1974 no es un escenario pacífico. La violencia, el odio, la venganza y la muerte encuentran un terreno propicio para enseñorearse de las vidas y los destinos de las personas.
En ese marco cada vez más hostil, cada vez más oscuro, la tarea de Expósito terminará por mezclarse hasta el fondo con esa violencia monstruosa y creciente. Ya no será un testigo privilegiado, sino un protagonista involuntario cada vez más cerca del peligro.
Pero no sólo es ese joven Expósito de 1974 el que se ve arrastrado por la tempestad de los hechos. También ese otro Expósito, el del presente, ese viejo con pretensiones de escritor, se verá sumido en una tempestad que lo pondrá a la deriva. Porque Expósito ha puesto en marcha la máquina atroz de la memoria, ha aceptado ventilar y revivir todos sus recuerdos, Y esos recuerdos no son inocentes, no son neutrales, no son asépticos. Expósito escribe, y al escribir revive, y en el pasado que se levanta ante sus ojos se yerguen también todos sus fantasmas: sus decisiones, sus confusiones, sus irreparables equivocaciones.
A medida que avance, Expósito entenderá que ya es tarde para detenerse. Narrar el pasado dejará de ser un simple pasatiempo para llenar las horas muertas de sus días. Será el camino estrecho y sinuoso que deberá recorrer para entender y justificar su propia vida, para darle sentido a los años que le queden por vivir, para enfrentarse de una vez por todas a esa mujer de la que, veinte años después, sigue enamorado.
Los personajes
Ricardo Darín en el papel de Benjamín Espósito Su papel es el de un hombre cansado. Y no sólo –aunque también- porque tiene más de sesenta años y acaba de jubilarse como empleado jerárquico en un Juzgado en lo Criminal de Instrucción. Está cansado de darle vueltas, en silencio, a un amor sin esperanzas. Está cansado de evocar una historia –un crimen, un culpable, un castigo- que afectó su vida y la de personas a las que quería. Por eso, cansado de su cansancio, decide ponerse en movimiento. Decide escribir, decide contar, decide levantar la pesada piedra de silencio con que ha ocultado todo aquello, durante más de veinte años. Pero no podemos volver al pasado sin que cobre vida. No podemos librarnos de la fría presencia de los fantasmas, una vez que los hemos convocado. Y Espósito tendrá que lidiar con esos fantasmas: los del amor, los de la violencia, los de la muerte.
Soledad Villamil es Irene Menéndez Hastings Irene Menéndez Hastings es, al principio de la historia, la típica niña bien, acomodada en el puesto de Secretaria de un Juzgado por los buenos amigos de papá. El contacto diario con Espósito y Sandoval, mientras los tres intentan hallar al culpable de un asesinato horrible, le permitirá ganar en experiencia, en solidez, en determinación. Pero, como todo aprendizaje profundo, implicará para ella cuestionarse las certezas sobre las que se asienta su vida; y perder la certidumbre de que estará siempre segura y a salvo, la creencia en que el sistema judicial es efectivo y creíble, el convencimiento de que la maldad encuentra su castigo. Veinticinco años después, Irene es una mujer madura que lleva con mano firme su propio Juzgado. Sin quererlo, sin pensarlo, se verá envuelta otra vez en esa maraña de crimen, de dudas y de descubrimientos dolorosos que la arrasó como un vendaval cuando era joven. Otra vez deberá decidir si frente a la verdad y sobre todo, frente a sus consecuencias, es preferible abrir los ojos, o que los ojos permanezcan cerrados.
Pablo Rago es Ricardo Morales Ricardo Morales es, en su propia opinión, un muchacho bastante anodino, con un empleo bancario igual de anónimo y previsible. Pero su vida contiene, también, una desproporcionada maravilla: está casado con Liliana, una chica preciosa y adorable que le ha cambiado la vida. Son recién casados, y Morales se extasía cada mañana viéndola preparar el desayuno, contarle chismes minúsculos o imaginar cómo mejorar la casa en la que viven. Pero, venido desde la nada, el zarpazo oscuro de la violencia y de la muerte le arrebatará a la mujer que ama. Un crimen inexplicable y, de repente, una vida que carece de sentido o, mejor dicho, una vida cuyo único sentido se construirá alrededor de ese crimen. Entender ese crimen, encontrar al responsable, conseguir a toda costa su castigo.
Guillermo Franchella es Pablo Sandoval Sandoval es un empleado judicial. El mejor amigo de Espósito. Su mano derecha en el trabajo. Se entienden con mirarse. Sandoval es un personaje de extremos: raptos de lucidez genial y pozos de desesperación en los que se hunde en el alcohol sin que nada más parezca importarle. Forma con Espósito una amistad de hierro. También de complementos. Lo que a Espósito le sobra de profesionalismo, a Sandoval le sobra de inventiva. Lo que a Espósito le sobra de timidez, a Sandoval de desenfado. Lo que les sobra a los dos es la lealtad que el otro les despierta, y la convicción de que hay cosas justas y cosas que no lo son. Y se empeñan en establecer y respetar esa diferencia.